

(...) Como yo pienso que el cine sirve (entre otras cosas) para ayudar e invitar a pensar, sigo viendo Film Socialisme en permanente tensión, con un suspense interno comparable al (de otro tipo) que suscita Hitchcock en Psycho (1960), y con varios momentos de reposo que muchos parecen desdeñar como decepcionantes, tras el torbellino inicial, pero que yo encuentro singularmente emocionantes, como remansos recapitulativos u oasis de serenidad y reflexión en medio de un caos que describe fragmentariamente, como astillas de un espejo roto que sería el mundo tal como hoy mismo va y como lo ve Godard. Me refiero, claro está, a Mme. Martin, la propietaria de la gasolinera francesa en la que cohabitan un asno y una llama con su marido y sus hijos. Al borde, por Miguel Marías, p. 13


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