Quarta-feira, Abril 27

Música para os meus ouvidos

Me inquieta el concepto de cuento e inquiero aquí acerca de una estirpe de textos híbridos, de andróginos que se sitúan en un campo fronterizo entre canto y cuento, que instrumentan en grueso materia narrativa pero que parecen refractarios a esa maquinación particular, calificada propiamente como cuento. (...) Entre sus exponentes contemporáneos de neto cuño vanguardista, se encuentran Le cornet a des de Max Jacob, las Tres inmensas novelas de Vicente Huidobro y Hans Harp, y Espantapájaros (Al alcance de todos) que Oliverio Girando publicara en 1932. Sus veinticuatro piezas, numeradas y sin título, oscilan entre los polos narrativo y poético, pero sólo dos se alinean nítidamente en las categorías poema y cuento. (Ambas se sitúan en posiciones simétricas, la una es la décimosegunda, la otra, la vigésimocuarta).
(...)
Los otros textos se asientan en una zona incierta, desde el punto de vista de su atribución a un género netamente constituido. Todo intento de clasificación que tienda a endilgarles un rótulo rotundo se mete en un atolladero categorial del cual es difícil salir bien parado. Me pregunto en qué zona operan aquéllos, la mayoría, donde aparecen manifiestos los ingredientes narrativos, donde en grueso la materia prima es calificable de narrativa, pero que no adoptan la configuración del cuento ; rehusan el módulo de composición, el encuadre, la disposición, los recursos de localización y de caracterización, la concatenación, las determinaciones fácticas, el tipo de engarce o enlace cuentísticos. Por de pronto, estos textos escapan a la cohesión (no a la compresión), a la rigurosa congruencia, a la precisa interdependencia de las partes, a la ajustada mecánica del cuento. No simulan historificarse, no fingen instalarse en geografías y cronologías localizables, no guardan el equilibrado paralelismo entre el hilo causal y el hilo temporal, ni una prudente interrelación entre espacio interior y espacio exterior. No representan un microcosmos unitario que aparezca como recorte del macrocosmos, no presuponen una continuidad habitual entre texto y extratexto, entre la letra y el universo iletrado. No respetan las separaciones o los cortes diferenciadores entre exterior e interior, sujeto y objeto, conciencia y mundo. Sin transición, provocan toda clase de tránsitos, transferencias, trasmutaciones, una irrestricta intercomunicación, con todos los pasajes de ida y vuelta entre hombre, cuerpo individual, cuerpo social, naturaleza y orbe objetual.

Saúl Yurkievich.