Segunda-feira, Abril 25

Argentina e Portugal. Descubra as diferenças.

Cada año, cuando llega esta época, buena parte de los editores que conozco están un poco más nerviosos que de costumbre. Durante veinte días, la Feria del Libro organiza sus tiempos, los consume, los moviliza y los agota. Es entendible: en estas pocas semanas venderán, probablemente, la misma cantidad de libros que durante todo el año. Dije editores, no libreros ni escritores. Los libreros miran la feria con desconfianza. Es el momento de las ganancias netas para las editoriales, cuando desaparece el intermediario entre el productor y el comprador de libros, que suele quedarse con un porcentaje de la transacción que va del 35 al 50 por ciento. Los libreros deben contentarse con la cláusula que impide que el precio de los libros dentro de la feria sea menor que el de las librerías. Para la mayoría de los escritores, los críticos, los periodistas culturales y los lectores conspicuos, la feria es algo que produce, en general, cierta indiferencia: ¿qué interés puede tener para alguien habituado al trato constante y perdurable con los libros ese espacio agobiante inyectado de luces, metales, alfombras, promotores, folletería, ruidos y familias enteras que atestan los stands, locales y pasillos en busca de su dosis de lectura anual?

Maximiliano Tomas, no suplemento de cultura do jornal argentino Perfil.